miércoles, 8 de enero de 2014

Project Christine, o de cómo Razer quiere venderte tu próximo PC por módulos

Esto ya nos resulta un poco más familiar. Aunque una de las sorpresas del CES 2014 ha resultado ser la irrupción de Razer en el mercado de las pulseras inteligentes, la firma estadounidense no renuncia en absoluto a su clientela más fiel y rentable, esa compuesta por jugadores acérrimos capaces de cortar la calefacción porque les sobra con el calor de sus tarjetas gráficas. Project Christine va dedicado a ellos.

Con un diseño modular que tal vez beba del Level 10 diseñado por BMW para Thermaltake, Project Christine es un producto conceptual que se encuentra en fase de refinamiento y valoración, exactamente igual que en su día Project Fiona terminó derivando en lo que hoy conocemos como Razer Edge. Christine es lógicamente un equipo más caro, más grande, más hardcore, pero no por ello tosco o falta de buenas ideas, a diferencia de otros PCs para jugadores que se centran en ofrecer únicamente potencia bruta y neones.

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La característica principal de Christine son los módulos independientes en las que Razer aloja los componentes que forman su anatomía, unas cápsulas bañadas por aceite mineral como elemento refrigerante y protegidas por una cubierta especial que ayuda a amortiguar tanto ruido como vibraciones. Su meta es conseguir que todo el hardware sea frío y silencioso. El aceite es bombeado desde la base, iluminada en el clásico verde Razer, y desciende verticalmente por una espina central desde la cual se va distribuyendo por cada uno de los elementos del chasis.

¿Y exactamente qué contienen estos misteriosos módulos? Pues ni más ni menos que lo que cada uno quiera. El prototipo exhibido en el CES estaba equipado con un espectacular montaje SLI con tres tarjetas gráficas integradas, pero si lo que prefieres es almacenamiento, nada te impide usar una CPU con GPU integrada y ocupar los contenedores con discos duros. Min-Liang Tan, efervescente CEO de Razer y buen amigo de Engadget, asegura que su meta es hacer la vida más fácil y económico el proceso de ampliar tu equipo, dado que sería posible lanzar un servicio de suscripción mediante el cual uno recibiría módulos más modernos y capaces según salieran al mercado, sin necesidad de tirar tu tarjeta gráfica o rezar para que aparezca un comprador de segunda mano. Sacar, pinchar, jugar. Así de fácil.

Todos los módulos de Christine son Plug & Play y poseen puertos autosellantes para cerrar el sistema de refrigeración. No solamente las tarjetas gráficas y los discos duros son modulares; también es posible cambiar la CPU, ampliar la RAM e incluso añadir puertos montando nuevos bloques. Todo depende del dinero que te quieras gastar. ¿Quieres un lector Blu-ray? Razer te lo venderá ya encapsulado. ¿Prefieres una pantalla para controlar la temperatura del sistema? Solo tienes que ver las fotos del prototipo para comprobar cómo quedaría.

Como sucedió con Project Fiona, Christine es aún un prototipo que ni siquiera podría llegar a producción. Faltan muchos flecos por arreglar, como conseguir un proveedor para los módulos y crear un modelo de negocio sólido y atractivo. Lo único que podemos asegurarte es que Min escucha con atención a los clientes de Razer (el Edge, de hecho, no se hubiera fabricado de no ser por el apoyo del público), así que puedes dar por hecho que estos días estará con un ojo pegado a Twitter para ver las reacciones. Si quieres, puedes compartir con nosotros la tuya.